La historia primigenia de la Danza nos remite a los orígenes de los primeros grupos humanos que, mediante rítmicos movimientos, resaltaban las potencialidades físico-mecánicas del cuerpo tales como: flexiblidad, coordinación, resistencia y fuerza; características utilizadas para ejecutar movimientos corporales previamente racionalizados y conceptualizados que representaban los ritos y sacrificios en honor a las deidades creadoras del universo.

  En la Edad Antigua la danza fue categorizada como una de las Bellas artes, pues las prácticas dancísticas se incorporaron a nuevos espacios de ejecución gestados desde el interior de la infraestructura académica al teorizarla desde la praxisEl academicismo de la danza evoluciona cada vez más. Desde la Edad Media, al Renacimiento; luego, la Época Isabelina del siglo XVI al Barroco, y desde el siglo XVIII al Naturalismo del siglo XIX.

   Los teatros, en este sentido, se configuraron como lugares de discursos estéticos; es decir, espacios culturales en donde se construyen códigos elitistas. Este academicismo clásico perdura hasta la actualidad.

   La teoria de la danza académica-clásica y contemporánea se rige a los códigos de la composición musical: como el ritmo, la melodía y la armonía se suma a éstos el lenguaje escultórico: el volumen de masas en movimiento, texturas, colores, equilibrio y el ágil desplazamiento corporal dentro de un espacio.

Cuerpos ilimitados en espacios limitados

    El cuerpo humano y sus potencialidades dancísticas se reapropian del espacio, sea éste: amplio y abierto o cerrado y restringido, para reconfigurarlo con nuevos significantes y significados. Otto Bollnow en El cuerpo y el espacio expresa: "el espacio es siempre un espacio libre para algo, especialmente para un movimiento, para un despliegue libre y, para la acepción común, el espacio termina allí donde las cosas impiden que continúe  el movimiento" (pág.40). De esta forma, el espacio cerrado, creado por el academicismo no limita el concepto ni la forma dancística del desplazamiento corporal.

      La danza contemporánea se caracteriza por el retorno a las formas estéticas primigenias y ancestrales reapropiándose y recodificando los espacios públicos urbanos para escenificar ritos contemporáneos y democratizar las expresiones dancísticas para el espectador de toda clase social.