El hombre inició la actividad agrícola hace aproximadamente 10.000 a.C, al domesticar los productos naturales que la tierra le había provisto y se afianzó durante el período del neolítico como símbolo de unidad y cooperación de los primeros grupos humanos. Con la Revolución Industrial a principios del siglo XVIII, los avances técnicos optimizan los recursos humanos y materiales en pro del cultivo, cosecha, distribución y consumo de los productos del campo en beneficio de la población rural y urbana.

     El liberalismo industrial francés promovido por los Fisiócratas impulsó el boyante desarrollo agrícola durante el siglo XVIII, en  una época en que los demás sistemas económicos estaban dominados por la Revolución Industrial inglesa. 

   Los fisiócratas determinaron que la fuerza sustentable de una economia del campo no debe estar asfixiada por el sistema gubernamental, pues son los agricultores quienes permiten el dinamismo comercial de las urbes, epicentros del desarrollo económico-industrial.    

   El filme-documental evidencia, de qué manera, el campo aporta a la sobrevivencia de las ciudades, y cuestiona la problemática laboral del campesino en un contexto gubernamental-burocrático y el desinterés de parte de jóvenes campesinos que migran a las ciudades en búsqueda de  carreras exógenas a la realidad de su hábitat.

    La Fisiocracia como dogma económico mantiene vigente algunos de sus tratados hasta nuestros días. Una filosofía de progreso emprendido desde el campo que promueve el desarrollo productivo, debe ser revalorizado; puesto que, el futuro de la humanidad económicamente activa y saludable, depende, en gran parte, de las actividades comerciales del campo.